Jn.2, 1-11
De un momento de apuro a lo sobre abundancia de la gracia.
No sé si a esas alturas de la fiesta de la boda en que se anuncia “no tiene vino”, los invitados serían capaces de intuir el agobio del novio y el nerviosismo de los camareros. Solo quien tiene los ojos atentos y abiertos a los demás, desde la prontitud y el servicio, puede percibir lo que sucede y buscar una solución. María sí, que no duda en implicar a su hijo pronunciando esta frase: “No tiene vino”.
Y frente a la escasez, la abundancia de la gracia.

Las seis tinajas llenas de agua para las purificaciones rituales tenían una capacidad de 80-100 litros cada una. Nos puede llamar la atención la cantidad de litros y la calidad del vino, como comentaron los invitados. Los discípulos que le acompañaron dieron un paso más, este primer signo en Juan fue realizado para que se manifestase su gloria y sus discípulos creyeran (Jn.2,11).
La expresión «creer en él» no es sólo creerle sino también tener confianza en él, entregarse a él. Subraya la adhesión a la persona de Cristo, el reconocimiento de su poder extraordinario, divino.
Dejémonos transformar por el Señor. Que convierta lo rutinario de nuestra vida en alegría y fiesta. En momentos de encuentro y celebración con los otros. Que sepamos estar atentos y disponibles ante lo que sucede a nuestro alrededor, como lo hizo María y que pongamos toda nuestra confianza y esperanza en Jesús: “haced lo que él os diga”.
Él llenará nuestra vida de la sobreabundancia de su gracia.
Equipo de Redes, JST.





