Viernes Santo

Es de gran consuelo y da mucha fortaleza el ver a Jesucristo, con la cruz sobre sus hombros, subir por la pendiente del Gólgota. Subamos nosotros con la cruz de nuestras miserias y ganemos la pendiente de la desolación, que así como en el Gólgota, de la muerte brotó la vida, así también de la desesperanza brotará un raudal de suavidad y dulzura. P. Eladio 303, 6
¡Oh, cruz bendita, en la cual pendió mi Dios, mi Maestro y Redentor! Yo te saludo con toda mi alma y con todo mi corazón! Tú, has de ser mi luz, mi camino, mi descanso, mi alegría, mi torno, mi amor, mi paz y mi regalo durante mi vida. Siendo mi triunfo el triunfo de la gracia de mi Dios, y mi gloria el cantar eternamente sus alabanzas infinitas. P. Eladio 442,6
Oh cruz bendita,
en la que pendió nuestro Dios,
nuestro Maestro y Redentor,
hoy te saludamos con toda el alma
y con todo el corazón.
Y hacemos nuestras aquellas palabras que nacen de la fe:
“¡Oh, cruz bendita, en la cual pendió mi Dios, mi Maestro y Redentor! Yo te saludo con toda mi alma y con todo mi corazón!” (P.Eladio, 303,6)
Queremos abrazarte, Señor,
no como signo de dolor sin sentido,
sino como camino de vida,
como lugar donde el amor se entrega hasta el extremo.
Por eso te pedimos:
haz que la cruz sea para nosotros
“mi luz, mi camino, mi descanso, mi alegría, mi torno, mi amor, mi paz y mi regalo durante mi vida.” (P. Eladio, 442,6)
Señor,
que nuestro verdadero triunfo
no sea otro que el triunfo de tu gracia en nosotros.
Que aprendamos a vivir desde Ti,
a esperar en Ti,
a abandonarnos en Ti.
Y que, sostenidos por el misterio de la cruz,
nuestra vida entera se convierta en alabanza,
hasta poder decir con verdad:
que nuestra gloria será
“cantar eternamente sus alabanzas infinitas.” (442,6).
Amén.
(De la espiritualidad de P. Eladio)





