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Domingo IV Pascua. Jn.10,1-10

En este domingo contemplamos a Jesús, el Buen Pastor, que no solo guía, sino que conoce y llama por el nombre. “Conozco a mis ovejas y las mías me conocen” (Jn 10,14). 

Este conocimiento no es externo: expresa una relación de pertenencia, de confianza y de amor, semejante a la que existe entre el Padre y el Hijo. Desde ahí nace toda vocación: de un encuentro personal con Cristo que toca la vida y la transforma.

Celebramos hoy la Jornada Mundial por las Vocaciones, recordando que Dios llama y espera una respuesta libre y responsable. No impone, sino que suscita en el corazón una señal clara: la alegría interior, signo de que el llamado viene de Él. Por eso, uno de los grandes desafíos es educar para la libertad y la responsabilidad, para que cada persona pueda responder con verdad.

El P. Eladio lo expresa con profundidad:
“Gloria a Dios, que tan santos afectos y aspiraciones puso en su corazón… adelante a amar, a amar a quien con tanto amor la ama…” (526,1).

La vocación es un camino, se alimenta en la relación cotidiana con Dios, en la oración, en la escucha de su voz interior.
“Déjese llevar por este pastor divino, oyendo su voz íntima…” (242,2).

Jesús sigue llamando con ternura:
“con qué cariño y amor nos llama, espera y solicita…” (712,2).

Hoy se nos invita a construir una verdadera cultura vocacional, donde cada uno no solo cuide su respuesta, sino que acompañe la de otros. Porque el Buen Pastor sigue pasando… y su voz sigue resonando en lo profundo del corazón.

Equipo de Redes, JST

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