Domingo VI Tiempo Pascual. Jn. 4,15-21
En el evangelio de este domingo (Jn 14,15-21), Jesús nos regala una de las verdades más hermosas de la fe: ser cristiano no consiste primero en cumplir normas, sino en entrar en una relación de amor.
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”
No habla de una obediencia fría, sino de una respuesta nacida del corazón agradecido. Quien se sabe amado por Cristo desea vivir como Él vivió.
San Agustín, en sus Confesiones, expresa esa búsqueda apasionada de Dios:
“Haz, Señor, que te busque invocándote, y que te invoque creyendo en ti”.
También nosotros llevamos dentro esa sed profunda. Buscamos descanso, sentido, hogar interior. Y Agustín lo formula con hondura:
“¿Quién me dará que pueda descansar en ti?”
Esa pregunta sigue latiendo en el corazón del hombre de hoy.

Jesús responde prometiendo al Defensor, al Espíritu Santo. No nos deja huérfanos. No nos abandona a nuestras fuerzas. Nos regala su propia vida para que podamos amar, perdonar, comenzar de nuevo y vivir con esperanza. La vida cristiana no es una carga imposible, sino dejar que Dios actúe en nosotros.
Por eso, amar a Jesús y guardar su Palabra no significa encadenarse, sino abrirse a la libertad verdadera. Cuando amamos, entramos en la corriente misma del amor trinitario: el Padre ama al Hijo, el Hijo nos ama, y el Espíritu derrama ese amor en nosotros.
“El que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Jn 14, 21).
Equipo de Redes, JST.





