Mt.13,44-52
“Porque, a la verdad, la más preciosa e inestimable perla espiritual es Dios, autor y dador de todas las perlas espirituales y materiales. Es Dios, luz hermosísima, bondad suma y gozo inefable. Es Dios, verdad de todas las verdades, bien de todos los bienes, belleza de todas las bellezas”.(557,1)
Dios es fuerza sin medida, sabiduría que no se aprende sino que se recibe, amor llevado a su punto más pleno. Él es, en definitiva, el origen, el centro y la meta de toda gracia, toda virtud, todo don, todo fruto y toda felicidad verdadera.
(…) Y ahora, hija mía, dime: ¿existe una pérdida mayor que dejar escapar esta perla incomparable, el encuentro real y hondo con Dios, vivido en el conocimiento, en el amor y en el gozo?

Piénsalo con calma. Llévalo a la oración. Y toma una decisión.(cfr.557,2)
Oiga, hija mía, por el amor de Dios. El comerciante de la parábola, en cuanto encontró esa perla que no tenía precio, hizo tres cosas:
primero, se apartó; dejó atrás su vida anterior, se retiró del comercio que antes tenía con las criaturas, aunque esa vida no tuviera nada de malo. Después, vendió todo lo que tenía; se despojó de sus seguridades, aunque todo lo que poseía fueran también regalos de Dios. Y por último, la compró: es decir, aceptando quedarse con las manos vacías, recibió en la oración el don de conocer, amar y hacer suyo (de una manera que supera lo humano) a Dios mismo. (Cfr.557,3)
“Por desprenderse de todo, tomó posesión del único todo que es Dios”. (557,3)
(Texto extraído de las cartas que el fundador, venerable Eladio Mozas Santamera, dirigía a las religiosas Agustinas del convento de Serradilla, Cáceres).
Equipo de Redes, JST





