Domingo XXXII Tiempo Ordinario. Mt.25,1-13
Cuando el amor está presente, se cuida hasta el más pequeño detalle.
Así sucede con Dios. Las cinco vírgenes prudentes no tenían más luz que las necias, sino aceite de reserva: ese amor cuidado cada día en la oración, en el detalle, en el sacrificio que nos descentra de nosotros. Ese aceite, como recordaba el papa Francisco, no se puede prestar, porque nadie puede vivir la fe por otro.
El Esposo llegará cuando no lo esperemos. No basta con estar; hay que estar despiertos. Porque solo un amor vivo nos hace sensibles a la llamada del Señor y de los hermanos.
En este domingo, con las Diez vírgenes, estamos llamados a cuidar el Amor.

Sabiduría que desafía a la razón,
tú te revelas, Señor,
en el corazón que vela por amor.
Mantennos vigilantes
al pie de la cruz
sobre la que te entregas por amor.
Que nuestro corazón
acuda cada mañana a la cita,
para escuchar de tu amor
la única palabra que tú nos dices:
nuestro nombre, unido al tuyo,
para una alianza eterna.
Jean Bastin, Ghislain Pinckers y Jean-Marie Teheux
«Las cinco vírgenes insensatas, al coger sus lámparas, habían olvidado llevarse con ellas el aceite; por el contrario, las sensatas junto con sus lámparas traían aceite en jarros.» Aquí el aceite quiere significar el resplandor de la gloria; los jarros, son los corazones dentro de los cuales llevamos todos nuestros pensamientos. Las vírgenes prudentes llevan aceite en sus jarros, porque guardan dentro de su conciencia todo el resplandor de su gloria, tal como lo dice san Pablo: «Nuestra gloria es el testimonio de nuestra conciencia» (2Co 1,12). Las vírgenes insensatas, por el contrario, no llevan el aceite con ellas porque no llevan su gloria en lo secreto de su corazón, es decir, ellas piden su gloria a las alabanzas de otros.
San Gregorio Magno.
«Pero a medianoche, se oye un grito: ‘¡Mirad que llega el Esposo, salid a su encuentro!’». Y todas las vírgenes se levantan. Pero las lámparas de las vírgenes insensatas se apagan porque sus obras, que a los ojos de los hombres y de lejos parecían resplandecientes, por dentro, a la llegada del Juez, no son más que tiniebla; no reciben de Dios ninguna recompensa, puesto que han recibido ya de los hombres las alabanzas que querían”.
Homilía: Importancia del aceite.
Equipo de Redes, JST





