En este año jubilar, especialmente marcado por la invitación a vivir en “esperanza” celebremos este día con agradecimiento por el don de la vida y espiritualidad de P. Eladio y por el testimonio de tantas hermanas que, “peregrinas de la esperanza” han sembrado este don en nuestro Instituto y nosotras hemos heredado gratuita y generosamente.

Son muchas las palabras que P. Eladio nos ha dirigido a través de sus escritos espirituales. Entre ellas podríamos detenernos hoy, especialmente, en las que nos acercan al don de la esperanza y escuchar la invitación de nuestro Fundador a:
– Amar al ritmo de la esperanza, porque la caridad perfecta, que es el amor puro de Dios, por Dios y de nuestro prójimo y nosotros mismos por Dios, no excluye, antes bien comprende perfectamente la virtud de la esperanza, que tiene por objeto la eterna posesión de nuestro Dios como sumo bien y suma felicidad nuestra. (Carta 287).
– Creer gozosamente con esperanza porque tanto más crece la esperanza y se fortifica y arraiga la fe cuanto es mayor la oscuridad y desolación de un alma que totalmente y de corazón está puesta en manos de su Dios, queriendo hacer en toda su voluntad santísima (C. 680,2).

– Confiar firmemente en la esperanza porque, cuanto espera, tanto alcanza (C.707,5). La confianza y la espera van de la mano de este don, por eso estamos llamadas a esperar mucho para alcanzar mucho, no por nosotras mismas, sino por la gracia de Dios (C.727,4).
– Comprometernos con esperanza en la construcción del Reino con la confianza de que nuestro mundo será regenerado por el soplo amoroso y vivificante del gran Espíritu de Cristo (C.977,2)
Al celebrar este día damos gracias a Dios porque nuestro Carisma, también hoy, sabe dar razón de su esperanza (1Pe.3,15) y porque nosotras estamos llamadas a vivir nuestra identidad de Josefinas-Trinitarias con esa esperanza que cuanto espera, tanto alcanza (C.707,9)





