Domingo XXII Tiempo Ordinario Mt.16, 21-27
Frente a la confesión de fe del evangelio del domingo pasado, esa respuesta certera, casi «de libro», nos encontramos hoy con el paso atrás de Pedro. ¿Cómo es posible esta contradicción?
La fe no se posee de una vez para siempre: se va cultivando día a día en el seguimiento del Mesías, el Hijo del Dios vivo. En este camino, Cristo nos ofrece el modelo de la entrega total, hasta las últimas consecuencias, asumiendo la cruz de cada día para dar la vida por entero.
El ideal supremo es amar la vida como don de Dios y llevarla a plenitud, procurando que sea digna para todos. Por eso nos implicamos y nos complicamos, con la cruz que eso conlleva, en el anuncio del Reino.

Os invitamos a escuchar, en esta misma línea, la canción «Pasos de Jesús», del disco Jubileo 2000 (Con Cristo entramos al Tercer Milenio, Chile).
Perder la vida, tomar la cruz,
seguir los pasos de Jesús;
amar con su forma de amar,
perder la vida para ser luz.
Darse por el que nadie amó,
darse por el abandonado,
que espera ver amanecer.
Prestar oído a su clamor,
amar como un enamorado
a aquel que nadie quiere ver.
Gritar que Dios no está dormido
y está dándonos su fuerza,
que va sembrando libertad.
Gritar que el odio no ha vencido
y la esperanza no está muerta,
y Dios invita a caminar.
Andar caminos Aún no andados,
saltar abismos y fronteras,
ir donde nadie quiere ir.
Darle la mano al que está solo
y que ya todo lo ha perdido,
darle la fuerza de vivir.
Equipo de Redes, JST





