Renovación del don de nuestra consagración
Con alegría celebramos la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, día en el que, como familia religiosa, renovamos el don de nuestra consagración.
La Iglesia celebra el nacimiento de María como el amanecer de la salvación. En Ella, Dios fue preparando con infinita delicadeza el camino para la venida de su Hijo.
Su nacimiento anuncia una vida enteramente abierta a la voluntad del Padre, dócil a la acción del Espíritu y llamada a convertirse en morada del Verbo.
En María contemplamos la obra paciente de Dios, que hace germinar la esperanza allí donde un corazón se deja moldear por su gracia1.
En esta fiesta estamos invitadas a renacer. Como recuerda san Pablo: “El que está en Cristo es una nueva creación”2 .

La renovación de los votos es, precisamente, dejar que esa novedad pascual alcance, de manera siempre nueva, nuestra vida. Se trata de avivar el encuentro con Aquel que nos llamó, volver al primer amor y responder, una vez más, con la disponibilidad de María:
“Hágase en mí según tu palabra”3 .
Cada renovación es memoria agradecida de la fidelidad de Dios y, al mismo tiempo, una ofrenda de nuestra propia vida siempre nueva. La invitación de san Pablo sigue resonando con fuerza: “Ofreced vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios”4 .
En este ofrecimiento volvemos a abrazar la pobreza que nos hace confiar plenamente en la Providencia, la castidad que ensancha el corazón para amar con el amor de Cristo y la obediencia que nos configura con el Hijo, cuyo alimento era hacer la voluntad del Padre.
En este tiempo de preparación hacia nuestro próximo XXX Capítulo General caminamos iluminadas por el lema “Haznos nacer de nuevo de tu Amor Trinidad”. Que esta súplica exprese el deseo profundo de dejarnos recrear por el Señor porque Él continúa diciéndonos
“hago nuevas todas las cosas”6.
Recordemos también las palabras con las que el Papa Francisco nos animaba a confiar en esta acción siempre nueva de Dios: “Cristo siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida”7.
Que esta celebración sea para nosotras una verdadera experiencia de gracia y, al renovar los votos, compartamos con verdadero gozo nuestra respuesta a la llamada del Señor, fortalecidas por su Amor y sostenidas por la intercesión de María.
Que la Santísima Trinidad haga fecunda nuestra consagración y que María, Madre y modelo de toda vida consagrada, interceda por nosotras para que permanezcamos siempre fieles al don recibido y renazcamos cada día del Amor que da vida y transforma el mundo.
(De la carta de la Superiora General a las comunidades con motivo de la Celebración de la Natividad de la Virgen).
1 cf. Lc 8,15
2 2 Co 5,17
3 Lc 1,38
4 Rom 12,1
6 Ap 21,5
7 EG. 11





