Hemos empezado la Cuaresma, momento propicio para que dejarnos llevar por el Corazón de Dios. Entremos en él para asimilar sus sentimientos y sus actitudes, que de eso se trata.
¿Cómo es el corazón de Dios? Es Jesús quien nos revela el verdadero conocimiento. Por eso mirémosle a Él.
“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. (Juan 14, 9).
P. Eladio nos ilumina una vez más con su experiencia. El Corazón de Jesús es para él:

El gran libro y la escuela donde se aprende a amar:
“¡Bendito, alabado, adorado y amado sea por todas las criaturas el Corazón divino, que tan al vivo nos enseña a perdonar, bendecir y amar. Sigue leyendo en este gran libro de amor y no dudes que Jesús ha hecho contigo la gran misericordia de ponerte en la escuela donde más pronto y más fácilmente se aprende la ciencia del divino amor de Dios. (310,2)
Un divino imán que nos atrae.
Procuremos que nuestro corazón sea a la manera del acero, que en cuanto siente la acción del liman, no para hasta unirse a él. ¡Quién pudiera hacer que todos los corazones fueran unidos al Señor (125,4).
Una mina de oro purísimo.
En ese corazón hay un manantial fecundo de agua viva que lava nuestras culpas; hay una llaga de la que brota la sangre preciosa que salva el género humano, hay un trono de fuego que enciende y abrasa nuestro frio corazón cuando en él quiere hacer mansión” (306,3)
¡Qué hermosas palabras y qué profunda experiencia la que nos transmite P. Eladio!
¡Cuánto necesitamos conocer ese Corazón para saber quiénes somos en verdad, para que lo mejor que hay en nosotros aflore a nuestra vida diaria!
Queremos ir donde nos lleve el corazón de Dios, donde nos conduzca lo más sincero y veraz que habita en el nuestro; buscar el corazón de Dios para tener su mirada, sus sentimientos, para que nuestro comportamiento emane del suyo.
¿Estamos dispuestos en esta cuaresma a poner nuestros oídos junto al corazón de Dios?
Así iremos donde él nos lleve, donde nos susurre su latido, y aprenderemos a poner nuestros dedos con suavidad en las realidades humanas, de manera especial junto a los pequeños, sencillos y humildes, por los que Dios apuesta y a quienes confía su corazón.
Boletín 44. Año 2008





