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De lo que rebosa el corazón habla la boca.

Domingo 8 Tiempo Ordinario. Lucas 6, 39-45

El domingo pasado Jesús nos invitaba a ser misericordiosos como Dios es misericordioso, a no juzgar (entre otras cosas) y así, con el corazón dispuesto, recibiremos una “medida generosa, colmada, remecida, rebosante” y con esta misma tenemos que medir a los demás. 

La teoría es clara, la práctica más compleja. A los discípulos de Jesús también les debía resultar difícil ya que seguimos escuchando en el evangelio de hoy estos ánimos para hacer el bien. Y no es solo hacerlo de “boquilla” sino vivir desde lo que brota de lo más profundo, de lo que rebosa el corazón, desde ese manantial que “salta hasta la vida eterna” (cf. Jn 4). 

Y si en algún momento la “mota en el ojo” es tan grande que nos impide ver nuestra vida y la de los otros con la mirada de Dios, aquí is dejamos una recomendación de P. Eladio: 

“Cuando note dificultad para ejercitar actos de virtud, ore, únase a Jesucristo, pida el auxilio de María, nuestra Madre, y luego aproveche las ocasiones luchando, y el Señor le concederá la victoria. Si por desgracia saliese vencida, humíllese, ore, pídale perdón, y, confiando nuevamente en Él, luche hasta vencer en su nombre y por su amor”. 

Carta 340,2

Equipo de Redes, JST.

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