Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. Sal.33
Dios interviene en favor de su pueblo, envía a su Hijo para anunciar la Salvación y este elige a continuadores que lleven su mensaje de salvación a todas las gentes. Aun en medio de sufrimientos, persecuciones, cárcel y la muerte, para así asemejarse a su Maestro. Este es el testimonio que nos ofrecen la primera y segunda lectura de hoy, donde se enmarca el cómo y para quién de la vida de Pedro y Pablo: Jesús y la universalidad de la salvación.
En el contexto de esta fiesta, queremos compartir una cita de P.Eladio:

“Necesita la Iglesia ministros a lo Pablo (incluimos a l Pedro); y éstos, además de ser llamados por Jesucristo con la voz penetrante de su gracia, necesitan ser como panes escogidos de amor, amasados con agua continua de oración, cocidos con el fuego vivo de las tribulaciones y sazonados con la sal de la discreción,
para ser luego como alimentos sustancioso derramado por la mano de la Providencia a los cuatro vientos para salvación de las almas, sin que tenga este pan otro gusto que el del puro amor de su Dios, ni busque primaria y principalmente otra gloria y honra que la gloria y honra del que habita en las alturas;
porque a solo Él se le debe toda gloria honra, bendición, alabanza, amor, acción de gracias, loor y honor, cumpliendo fielmente en todo su voluntad adorable y santísima”. (363,2)
Equipo de Redes, JST.
Imagen creada a partir de las obras de P. Rubens: San Pedro y San Pablo. Museo Del Prado.





