La Iglesia celebra con especial cariño a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús.
Aunque los evangelios canónicos no los mencionan directamente, su presencia y legado han sido reconocidos desde antiguo en los evangelios apócrifos y en la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine.

Su figura es tan significativa que el Papa Francisco instituyó en 2021 la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, celebrada el cuarto domingo de julio, para rendir homenaje a quienes, con sabiduría y amor, sostienen la vida de las familias y de la Iglesia. https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2025/07/10/100725b.html
San Joaquín y Santa Ana son modelo de un corazón que teme y ama a Dios sobre todas las cosas. Son testimonio vivo de los abuelos que educan en la fe, acompañan con ternura a sus nietos y comparten un amor profundo, desinteresado, madurado en el tiempo y en la experiencia.
Un amor que viene de haber visto crecer a sus propios hijos y que se renueva ahora en la presencia de esos pequeños a quienes llaman nietos.
San Juan Damasceno les dedicó estas palabras llenas de belleza y gratitud:
«¡Oh matrimonio feliz de Joaquín y Ana, limpio en verdad de toda culpa! Seréis conocidos por el fruto de vuestras entrañas».
¡Qué alegría para unos padres saber que han transmitido no solo la vida, sino también la fe! Y qué bendición para los hijos crecer bajo el ejemplo de una vida cristiana vivida con coherencia, oración y generosidad.
En la pintura de Zurbarán, que representa a La familia de la Virgen (1630-35), contemplamos un hogar lleno de recogimiento, donde María es sostenida por la oración y la ternura de sus padres. Es una escena sencilla, pero profundamente espiritual: el amor de los abuelos se convierte en una escuela de fe.
Pidamos hoy por todos los abuelos del mundo:
Señor, dales fortaleza en el cuerpo y alegría en el corazón. Que su sabiduría siga guiando a las nuevas generaciones, y que nunca les falte el consuelo de tu presencia ni el reconocimiento de sus familias. Que como Joaquín y Ana, sigan siendo pilares de fe, amor y esperanza. Amén.





