Lc.18,32-48
¿Dónde está nuestro tesoro?
Jesús nos recuerda que el verdadero tesoro no se mide en monedas ni se guarda en cajas fuertes, sino que habita allí donde se encuentra nuestro corazón. Por eso, la pregunta resuena con fuerza: ¿dónde está nuestro tesoro?
No se trata solo de acumular o conservar lo que tenemos, sino de abrir nuestras manos para ponerlo al servicio de los demás. No por buscar reconocimiento ni por aparentar ante Dios, sino porque deseamos vivir en sintonía con su voluntad.
El Reino se construye en lo sencillo y en lo cotidiano, sin perder la conciencia de los otros, del bien y la belleza que vienen de Dios. El Reino de Dios, su voluntad, se expresa en una palabra que anima, en un gesto que comparte, en una mirada que reconoce la dignidad del otro.

Vivir así es mantenernos atentos a la presencia de Dios en medio de este mundo, sin perder de vista que todo bien y toda belleza tienen su origen en Él.





