1. Lectura
«Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1,14)
2. Reflexión: Caminar tras las Huellas del Hijo
Señor Jesús, principio y perfección del hombre nuevo, acudimos a ti reconociendo que eres el Hijo que nos llama y nos abre el camino hacia el Padre. Tu rostro y tus obras son el reflejo exacto en donde descubrimos el corazón paterno-materno de Dios, su ternura y su infinita misericordia. En un mundo que devalúa, olvida o ignora tu mensaje, tu Palabra se alza como la verdad que ilumina nuestras mentes.

Hoy reconocemos cuánta necesidad tenemos de palpar tu amor liberador, aquel que rompe nuestras ataduras y nos sana. Te has hecho nuestro compañero de viaje ; has caminado a nuestro lado en el trabajo, en el sufrimiento, en la fidelidad y en el amor.
Al entregarte por nosotros, has dado un significado completamente nuevo a la historia humana , transformándola en una historia santa que tú mismo escribes con nosotros.
3. Oración de Alabanza
Guía: Señor Jesús, plenitud de los tiempos y Señor de la historia, dispón nuestro corazón para escuchar cada día tu Palabra. Danos un corazón humilde y sencillo, para que contemplemos con renovado asombro el misterio de la Encarnación, por el que tú, Hijo del Altísimo, en el seno de la Virgen, te hiciste nuestro Hermano.
Todos: Convertirte nuestros corazones a ti, para que, abandonando las sendas del error, caminemos tras tus huellas por el sendero que conduce a la vida. Fortalece nuestra fidelidad para que vivamos con coherencia nuestra fe, dando testimonio constante de tu palabra, para que en la familia y en la sociedad resplandezca la luz vivificante del Evangelio.
Guía: Recibimos el aliento regalado y pacífico que nos dejas, ese soplo que nos vivifica para pasar nuestra vida en un eterno canto de amor, gratitud y alabanza.
Todos: Te alabamos y te bendecimos a ti, que entregaste tu vida por los hombres. Ayúdanos a crecer en el conocimiento de tu amor, y a saber dar la vida por todos. Enséñanos a reconocernos como servidores de tus pequeños, e instrumentos eficaces de la tierra y los cielos nuevos.
4. Oración
«Dios Uno y Trino, a quien profundamente adoro, bendigo, alabo y glorifico» (c. 243). Haz que mi corazón quede lleno de tu espíritu y de tu bondad para poder darte gloria eternamente (c. 58). Haz que su gracia y su amor muevan siempre mi alma a la bendición, la alabanza y la glorificación (c. 220) y que, henchido mi alma de este espíritu (c.216) sea siempre mi gloria el canto eterno de tus alabanzas infinitas (c.203).






